Castillos en el aire

CASTILLOS EN EL AIRE

Colgados: emociones en la red

Despues de dos años y medio de investigacion, la periodista Merche Rodriguez ha completado su titanica tarea: entender el concepto de chat y todo lo que lo rodea. Desde la amistad al sexo, la investigadora ha pasado por todos los ambitos y posibilidades de esta herramienta ahora universal en el ciberespacio. Dos años y medio de conversaciones, personas y momentos que le han dado para escribir un libro, este “Colgados: emociones en la red” que comienza la entrada. ¿Sus descubrimientos? Definitivamente, el futuro esta en internet. Las relaciones humanas estan ahi y son factibles, pero no son lo mismo.

A día de hoy, el ciberespacio esta comiendole terreno al espacio real. Un parentesis con una “k” en su interior vale tanto o más que un beso. Una carita sonriente es un gesto de indomable felicidad. Siempre se ha dicho que el problema de internet y la comunicación a través de él es que no se podían apuntar correctamente los tonos y los matices de lo escrito. No obstante, una nueva generación implica una nueva jerga, una nueva forma de comprender lo incomprensible. Hablamos de una generación preparada por naturaleza para un mundo 2.0, contra los que la generación X no tiene nada que hacer. Nacemos sabiendo Excel. Crecemos con un blog y nuestro epitafio sera nuestra última entrada en el tablón.

UN GIRO DE 360 GRADOS Y A CORRER

La canción de hoy es Do the Evolution, del grupo Pearl Jam. No solo la canción, sino el video son una ataque al modus vivendi de según que componentes de esta sociedad. Los que cambiamos y no para bien. Los que evolucionamos sin pensar en limpiar lo que vamos dejando detras. Vivimos en un mundo donde la tecnología empieza a comerse fisicamente nuestro espacio vital. Donde un Mac  ha sustituido al caballo o al cetro como simbolo de poder.

Eso no puede ser correcto. Hablamos del futuro, un futuro que podría ser muy oscuro en la medida que ocultamos nuestras personas de la luz del sol. Recluidos en sotanos y aticos, descubrimos que no tenemos porqué. Solo un qué. Y eso puede ser recursivo. Y lo reflexivo suele acabar en tristeza.

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